Familias móviles, protección patrimonial continua
142.000. Ese es el número de millonarios que, según Henley & Partners, cambiaron de país de residencia a lo largo de 2025. No se trata de turistas de lujo ni de segundas residencias: son personas que trasladaron su domicilio, y con él, en muchos casos, el centro de sus intereses económicos y fiscales. La movilidad de la riqueza ha dejado de ser una anécdota para convertirse en un fenómeno estructural, y plantea a la protección patrimonial un desafío nuevo.
El detalle de los flujos dibuja un mapa reconocible. Los Emiratos Árabes Unidos encabezaron las entradas netas, con unos 9.800 millonarios ganados. Estados Unidos sumó alrededor de 7.500; Italia, 3.600; Suiza, 3.000. En el otro extremo, el Reino Unido registró la mayor salida neta, con unos 16.500 millonarios menos. Detrás de cada cifra hay un cálculo familiar sobre seguridad jurídica, fiscalidad, calidad de vida y perspectivas para la próxima generación.
De Miami a Madrid
Dentro de ese movimiento general, un flujo concreto interesa de manera particular al patrimonio hispanohablante: el de las fortunas latinoamericanas que reorientan su presencia europea hacia España. Durante años, Miami funcionó como la capital extraterritorial de la riqueza latinoamericana, el lugar donde muchas familias situaban activos, residencia parcial y planificación. Ese eje se está reequilibrando, y Madrid ha ganado atractivo como destino de residencia efectiva.
El cambio se produjo, además, en un momento normativo significativo. El 3 de abril de 2025, España puso fin a su programa de visado por inversión, el conocido golden visa, que durante una década había ofrecido residencia a cambio de determinadas inversiones. La supresión no ha frenado el interés de las grandes fortunas latinoamericanas por España; lo ha reencauzado hacia otras vías de residencia y ha desplazado el foco desde el permiso de entrada hacia lo que de verdad importa una vez dentro: cómo se organiza el patrimonio en el nuevo país.
Porque ahí reside el verdadero trabajo. Obtener la residencia es el principio, no el final. La familia que se establece en España encuentra un sistema fiscal con figuras propias sobre el patrimonio y las sucesiones, entre ellas el Impuesto de Solidaridad a las Grandes Fortunas, cuya vigencia indefinida hemos analizado en nuestra sección fiscal. Aclimatar el patrimonio a ese marco es la tarea que empieza tras la mudanza.
El problema de las estructuras que no viajan
La movilidad plantea un riesgo específico y a menudo subestimado: la fragilidad de las estructuras atadas a una sola jurisdicción. Una familia que organiza su patrimonio conforme a las reglas de un país y después traslada su residencia a otro puede descubrir que su planificación, perfectamente válida en origen, produce efectos indeseados en destino. Lo que era eficiente se vuelve costoso; lo que estaba protegido queda expuesto; lo que se diseñó con cuidado exige rehacerse desde cero.
Ese desmontaje y reconstrucción no es neutral. Consume tiempo, genera costes y, en ocasiones, cristaliza plusvalías o desencadena obligaciones fiscales que una estructura portátil habría evitado. Para una familia que anticipa no un traslado, sino varios a lo largo de una generación, la rigidez es un defecto de diseño con consecuencias acumulativas.
Estructuras que acompañan a la familia
De ahí el valor de las estructuras concebidas para la movilidad. El seguro de vida de colocación privada emitido desde una jurisdicción de neutralidad fiscal —Luxemburgo es el referente europeo— está diseñado para adaptar su tratamiento al país de residencia del tomador en cada momento, sin necesidad de liquidarse y rehacerse en cada cambio. La póliza acompaña a la familia a través de las fronteras y preserva la continuidad de la planificación y del diferimiento acumulado.
A esa portabilidad se suma la protección que aporta la cuenta segregada, que como hemos explicado aísla los activos de la póliza y los mantiene bajo una custodia institucional con independencia de dónde resida la familia. La combinación —una custodia sólida que no depende del domicilio del tomador y un tratamiento fiscal que se adapta a él— es exactamente lo que una familia móvil necesita. Desarrollamos el escudo de la segregación en nuestro análisis de la cuenta segregada.
La estructura, además, viaja no solo en el espacio sino en el tiempo. La cláusula de beneficiario ordena la transmisión al fallecimiento con independencia del país donde la familia se encuentre entonces, aportando una continuidad sucesoria que las soluciones locales difícilmente garantizan cuando la vida familiar cruza fronteras.
Planificar para el movimiento, no contra él
Las 142.000 mudanzas de 2025 no son un episodio: son la nueva normalidad de las grandes fortunas. La protección patrimonial que sirve a estas familias no puede concebirse como un anclaje a un país, sino como una arquitectura que se mueve con ellas. Anticipar la movilidad, en lugar de reaccionar a ella, es el cambio de mentalidad que estos flujos imponen.
La elección concreta de las estructuras y de sus jurisdicciones depende del itinerario previsible de cada familia y debe diseñarse con asesores fiscales y jurídicos cualificados en los países implicados. Ninguna solución es universal; la buena es la que encaja en la trayectoria real de la familia. Puede seguir explorando la relación entre movilidad y domicilio de la aseguradora en nuestra sección de jurisdicciones.
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